#ArchivoABCsev: ¿Quién fue Isabel II, la reina que le dio nombre al puente de Triana?

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Tras el fallecimiento de la reina de Inglaterra, Isabel II, y haciendo honor al cometido de esta cita con la historia de Sevilla cada viernes, en esta entrega de nuestro serial lanzamos la siguiente pregunta: ¿Quién fue la reina Isabel II (de España) que le dio nombre al puente de Triana? Quizás, tras el continuo bombardeo de los medios de comunicación con el nombre de Isabel II, a más de uno le ha surgido la duda al pensar o pasear por el puente que cruza el Guadalquivir. Se eligió el nombre de esta monarca debido a que en el año de la inauguración del mismo, en 1852, ella era la reina regente del territorio español.

Isabel II fue una de las reinas más populares de la Historia de España. Hija de Fernando VII, heredó el trono con solo 3 años y no tuvo una educación formal para reinar. Nació en Madrid, el 10 de octubre de 1830, y murió en París, el 9 de abril de 1904. Popularmente tuvo los sobrenombres de «la de los Tristes Destinos» o «la Reina Castiza».

Que nuestra protagonista llegara al trono no fue nada fácil. La monarquía española tuvo que modificar sus estamentos, concretamente tuvo que derogar el reglamento de sucesión de 1713, popularmente (y erróneamente) llamado «Ley Sálica», por medio de la Pragmática Sanción de 1830. De este modo anulaba la imposibilidad de las mujeres de acceder al trono. Tras esto, que no estuvo exento de polémicas, principalmente con Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII y su tío, Isabel II fue reina de España entre los años 1833 y 1868.

Políticamente fue una época convulsa, tuvo que enfrentarse a la Revolución de 1868, la denominada ‘La Gloriosa’, y fue forzada a abandonar España con 38 años para exiliarse a París. Durante su reinado, la Monarquía cedió más poder político al parlamento, pero puso continuas trabas a la participación de los ciudadanos en asuntos de gobierno. Si hubo cambios fue por la interferencias militares que cambiaban gobiernos a base de pronunciamientos o golpes de estado. Isabel II, por su parte, era fácilmente manipulada por sus ministros y por la «camarilla» religiosa de la corte. Todo ello la hizo impopular entre los políticos y acabó por causar su final y dio paso a la Revolución de 1868.

Escándalos de su vida privada

El reinado de Isabel II estuvo señalado por los escándalos íntimos de su vida privada. José Luis Comellas, historiador y autor de ‘Isabel II, una reina y un reinado’, aseguró en una entrevista a ABC de Sevilla que «Isabel II era vulgar, chabacana y gorda, pero muy simpática, es decir, muy mala política hasta el punto en que no sabía qué Constitución estaba vigente pero también muy popular». Y añadía que los libros de historia venden poco, y que para solucionarlo «hay que hablar de los amantes que tuvo Isabel II».

La reina contrajo matrimonio a los 16 años con Francisco de Asís, de quien era primo por partida doble, además de homosexual reconocido. Con él tuvo doce hijos, de los que solo cinco superaron la niñez. En la corte francesa no contaron con la larga lista de amantes que coleccionó la soberana a lo largo de su reinado.

La reina dio su brazo a torcer por la presión de su madre y se casó con Francisco de Asís ABC

Tal y como indica José Segovia en el Semanal XL, «los hijos que tuvo Isabel II con sus amantes inyectaron sangre nueva a la familia real española, evitando los problemas de consanguinidad que habrían surgido de haberlos tenido con su marido y primo carnal, Francisco de Asís».

Fue la monarca más difamada de su tiempo, tanto dentro como fuera del país, debido a sus numerosas relaciones extramatrimoniales y a su concepción de la política como un cortijo, añadiendo además sus fobias y filias personales.

En el exilio

Tras varios levantamientos golpistas en España, y aunque la reina se puso en manos de los pocos mandos militares leales que le quedaban, los Borbones se vieron obligados a refugiarse en Francia, como relata con detalle en estas páginas César Cervera.

Bajo la protección del emperador Napoleón III y de su esposa española Eugenia de Montijo, Isabel II se instaló en 1868 en el castillo de Pau, y luego se compró en París el pequeño palacio Basilewski, que rebautizó como de Castilla. Su marido apenas llegó a poner un pie en dicha residencia y prefirió vivir a las afueras de París y no tardaron mucho en acordar su separación legal.

Grabado de Isabel II junto a su marido ABC

El palacio de Castilla fue su residencia oficial hasta su muerte en 1904. La revista ‘Blanco y Negro’, antigua publicación de esta casa, publicó en 1902, tan solo dos años antes de su muerte, un reportaje fotográfico de su residencia en París. En sus páginas la escribía el lugar como «grande y ostentoso para casa de un particular pero y pequeño y modesto para mansión de una reina».

Desterrada en Sevilla

Isabel II residió desterrada en Sevilla una temporada, así lo cuenta Fernando Iwasaki en uno de sus reportajes. Concretamente vivió en Andalucía del 16 de octubre de 1876 hasta el 8 de septiembre de 1877. «Amantes, intrigas palaciegas, toros, procesiones, monterías, teatro, tiro al pichón, bailes y aguaceros. Como se puede apreciar, el destierro sevillano de Isabel II tuvo de todo», asegura el escritor.

Pero no todo fue color de rosa, en sus viajes a España se sentía una «vagabunda» en su tierra y no la madre del Rey. La reina se enfrentó a varios obstáculos al principio de su estancia en Sevilla.

En primer lugar las malas condiciones del Alcázar, que se encontraba sin muebles, sin privacidad y sin las comodidades a las que estaban acostumbradas Isabel y las infantas. En segundo lugar, el escándalo: porque tuvo la osadía de traer a Sevilla a Ramiro de la Puente González-Nandín, su secretario personal y amante, quien llegó acompañado de además de su propia esposa, María del Pilar de las Cuevas. Y -en tercer lugar- el choque con San Telmo, porque la convivencia con los Montpensier fue insostenible. «El Duque de Montpensier le tocó lo justo las narices a Ramiro de la Puente, porque el amante de la reina era un avezado espadachín, experto en pistolas e invencible duelista», recuerda Iwasaki.

La Reina Isabel II pasó una temporada viviendo en Sevilla ABC

Pero por otro lado, según el escritor e historiador, Fernández Albéndiz, «la reina se sentía tan a gusto en Sevilla, que estaba considerando instalarse. Una prueba de que Isabel estaba decidida a quedarse en Sevilla fue que alquiló una dehesa en La Rinconada para dedicarse a una de sus actividades favoritas, la caza. La finca se convirtió en un importante lugar de asueto para toda la familia, lejos del control al que constantemente eran sometidos en la capital».

El periódico ‘La Andalucía’ recoge la noticia de dos grandes vendavales -8 y 15 de diciembre de 1876- y las crónicas de la época cuentan que la reina financió el reparto de mil hogazas de pan entre los damnificados de dichas inundaciones. Isabel II tuvo que contemplar de primera mano los estragos del temporal en los caseríos de Vereda de los Chapatales, Charco de las Monjas y Venta Bejarano, en la provincia sevillana.

Abdicación

Isabel accedió a abdicar en la figura de su único hijo varón, el futuro Alfonso XII, porque así se había comprometido por escrito con Napoleón a cambio de que le apoyara en su batalla legal con su marido, pero también por motivos personales. La ‘Reina de los Tristes Destinos’ confesó por carta a su madre el gran alivio que suponía para ella ceder la corona:

«Hace veintidós años que no he vivido más que de pasteles y ya estoy cansada de esta vida»

A partir de su abdicación, fue perdiendo su importancia en la vida política de España e incluso en la Familia Real, además se rodeaba de ciertas compañías que los Habsburgo evitaban. Tras su muerte, durante seis días de capilla ardiente desfilaron por el Palacio de Castilla los mismos miembros de la alta sociedad francesa que habían ignorado a la española en los años anteriores.

Las crónicas de la época atestiguan que la exequias fueron grandiosas y perfectas, pero con la ausencia reseñable de Alfonso XIII, que no acudió a recoger en persona el ataúd de su abuela. Al parecer, Antonio Maura, desde la presidencia del gobierno, le aconsejó evitar que su nombre se vinculara con la mujer que había hecho perder el trono a su familia a base de escándalos privados.

Funerales por la reina Isabel II ABC

A su muerte, seguía siendo una desconocida para los españoles, a pesar de todas las leyendas y calumnias que se contaban sobre ella. Sus restos mortales descansan en el monasterio del Escorial.

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